(Relato de práctica) El recorrido

Derek y su hermana jamás pasaban demasiado tiempo fuera de casa, y era bastante extraño verlos ir de un lado a otro por toda la colonia. Pero hoy sí lo hicieron: una a una, entraron en varias de las casas y se detuvieron sólo un poco en el jardín de las demás.

Hubo un tiempo en que todos les preguntaban qué necesitaban, qué motivo los llevaba a hogares vecinos, para variar. Ya no era un misterio, sin embargo. Porque lo hacían una vez al año con puntualidad impecable y ya todos habían tenido oportunidad de saciar su curiosidad sobre la actividad y sobre cualquier otra cosa que les interesara sobre los hermanos, que disfrutaban mucho una conversación. Gracias a esas charlas, era que habían descubierto que estos niños, y sus padres, permanecían en casa por el simple hecho de que no tenían ninguna razón para salir, no porque tuvieran problemas de salud o de carácter.

Antes, los hermanitos pedían permiso para dejar algo en una de las casas, y uno de los vecinos había intentado devolver la caja de acuarelas que encontró en el jardín después de su visita. Ahora los anfitriones simplemente sonreían, espiando para ver si su hogar sería el elegido para guardar el tesoro esta vez.

A la mañana siguiente, la única hija de la familia Giralda recorrería su casa primero, en busca del obsequio de sus padres, y luego saldría a la calle dando saltitos. Tarareando una canción de cumpleaños visitaría a todos en la colonia Faraday, con una pregunta sobre los visitantes del día anterior, porque sólo en una de las casas habían dicho o hecho algo, el indicador de que en algún lugar de esa casa, estaba el regalo de sus amigos.

Año tras año, la niña les daba una razón para acercarse un poco a los demás, y siendo como eran, eso les bastaba para mantener una amistad más menos estrecha con todos sus vecinos.

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